Los problemas comunes del crecimiento, conceptualización y definiciones. Por: Maribel Morales Barillas

Por: Maribel Morales Barillas
Xalapa, Enríquez, Veracruz
Unidad UPN 301, Xalapa, 2003.

* La autora de este escrito, maneja dos tablas que debido al formato del blog, no han podido ser incluidas. No obstante, la referencia de dichos apartados es el siguiente: WATSON, Robert I. y LINDGREN, Henry C. “Teorías psicoanalíticas de la adaptación al medio social y el desarrollo de la personalidad” en: El niño preescolar, desarrollo y aprendizaje. A.B. U.P.N. México, 1994 pp. 63- 64, y VAYER, P. “EL niño de dos a cinco años”, en: Educación psicomotriz. Científicos médicos. Barcelona, 1977. pp pp. 3-20.


Durante las primeras etapas de la vida de un ser humano, suelen presentarse conflictos conductuales que ponen en manifiesto la necesidad de que los adultos estemos preparados para proporcionar al niño una atención eficaz que le permita solucionarlos favorablemente.

En el capítulo anterior, expuse un aspecto de mi práctica docente en el que destaca la necesidad de desarrollar una estrategia pedagógica que favorezca el manejo de los problemas conductuales en el Jardín de Niños, los cuales como veremos en este apartado, están relacionados con lo que los psicólogos han dado en denominar “Problemas comunes del crecimiento”, “problemas de ajuste”, o “problemas comunes del desarrollo infantil”.

Generalmente los niños que inician un ciclo educativo, suelen manifestar síntomas relacionados con la adaptación que implica un cambio de educadora, de aula, y hasta de compañeros. Algunos niños incluso son nuevos en la Institución o no habían asistido previamente a un Jardín. Dichos síntomas se expresan en llanto, agresiones físicas y/o verbales, miedo, inhibiciones, pasividad, dependencia, ansiedad, inseguridad, etc.

Conforme avanzan los cursos es de esperarse que estas actitudes disminuyan a través de la socialización que se promueve cotidianamente, y de hecho así sucede en la mayoría de los casos, sin embargo, no todos los pequeños reaccionan como la educadora o sus padres lo pudieran esperar, y hay situaciones como en la manifestación de conductas violentas, en las que urge tomar medidas de acción para apoyar al niño que las expresa y a sus compañeros, ya que su seguridad y la de los otros está en riesgo.

Hay varias explicaciones teóricas a la presencia de estas tendencias conductuales, entre las que destaca la Psicología del desarrollo conformada por varias corrientes que se refieren a la presencia de los problemas conductuales en los niños, como producto de ciertos factores sociales, afectivos, familiares y como parte del desarrollo e integración de la personalidad.

Los conocimientos generados por la psicología del desarrollo indican que las conductas anormales son muy abundantes al grado de cuestionarse su carácter de “anormalidad” “normalidad”, y reconocen que ningún infante está completamente libre de dificultades emocionales. Por lo que consideran que el presentar un problema de ajuste no es comparable a una patología.

Los teóricos del desarrollo ( CLARIZIO y McCOY, 1981) , aseguran que el desarrollo normal de los niños no sigue una trayectoria libre de dificultades y que la mayoría de los problemas conductuales disminuyen con la edad.

Estos teóricos, han descrito cinco problemas de ajuste o problemas del crecimiento: ansiedad e inseguridad, dependencia, agresión, motivación de realización y desarrollo moral. A continuación se abordan las conceptualizaciones mencionadas:

a).-Ansiedad e inseguridad: Los niños con problemas de ansiedad e inseguridad, son pequeños que no han logrado organizarse emocionalmente, que se sienten inadecuados, carentes de importancia, son niños considerados como tranquilos, tímidos o temerosos que con frecuencia se limitan a entrar a la escuela y salir de ella sin hacerse notar. Estos niños representan problemas disciplinarios tanto como los niños ruidosos y agresivos pues su ansiedad e inseguridad reduce sus probabilidades de expresión abierta de emociones y sentimientos, deseos e inquietudes. La ansiedad intensa impide que el niño descubra hasta qué punto son verdaderamente poco realistas sus temores. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

Quienes tenemos la oportunidad de practicar la docencia en preescolar, frecuentemente nos encontramos este tipo de niños que tienen dificultades para participar en juegos colectivos, que tienen miedo a hablar en público, que no participan en actividades grupales y que prefieren realizar sus actividades en pequeños grupos o solos. La ansiedad y la inseguridad que manifiestan les impiden socializar adecuadamente con los demás y obstaculizan su desempeño académico al limitarlos a realizar ciertas actividades que no impliquen demasiada participación social.

b).-Dependencia: Los síntomas de dependencia suelen ser la búsqueda constante de ayuda por parte de algún adulto en la realización de tareas; atraer la atención de los padres o maestros, así como su cercanía física; los niños dependientes son pasivos y se sienten inseguros ante situaciones en las que no esté cerca la madre, la educadora, u otra persona representativa para ellos. No pasa mucho tiempo antes de que el niño abandone parte de su dependencia y se convierta en un individuo que dependa más de sí mismo, cediendo parte de su dependencia instrumental, pero permaneciendo ligado emocionalmente a padres y amigos. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

c).-Agresión: La conducta agresiva es muy común en los niños, tanto que los teóricos del desarrollo la consideran casi universal, sin embargo para que los niños lleguen a ser adultos socializados, deben abandonar cierta cantidad de agresión o aprender nuevos modos de expresión. La agresión es necesaria para obtener un buen ajuste emocional, cierto grado de agresión es un signo de personalidad vigorosa y bien balanceada pero no hay que dar rienda suelta a la agresión pues un niño agresivo no está en paz consigo mismo ni con su grupo de coetáneos. El objetivo de la socialización no es el de extinguir la agresión, sino dirigir su expresión. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

d).-Motivación de realización: “La motivación de realización es el intento o deseo del niño de hacer algo bien. El niño llega a juzgar su propio desempeño según determinadas normas de excelencia. Llega incluso a expresar sentimientos de satisfacción cuando alcanza esas normas y sentimientos desagradables cuando fracasa. Los problemas relacionados con la motivación de realización pueden ser de dos tipos: Excesiva motivación de realización (se preocupa demasiado por la excelencia de su desempeño), o demasiado poca motivación de realización (no valora su trabajo ni se preocupa por la calidad de éste, tampoco se interesa en su realización personal)“. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

e).-Desarrollo moral: Los Psicólogos del desarrollo han identificado tres componentes del desarrollo moral: el juicio moral, los sentimientos morales y las conductas morales.

El desarrollo moral “no existe al nacer, sino que es una interacción entre el nivel cognoscitivo del niño, los factores culturales y las prácticas de educación infantil. Dicha interacción tiene como resultado el desarrollo moral que únicamente puede ser considerado como tal en función de la presencia de los tres componentes”. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

Puesto que el desarrollo moral se refiere al alcance de ideales, así como también a las prohibiciones, existe la posibilidad de que el niño demasiado severo consigo mismo, se obligue a alcanzar normas que son difíciles, si no imposibles, creando de esta forma una frustración y una ansiedad excesiva para él mismo, pues cuando la autosatisfacción es muy poca, puede convertirse en un obstáculo para el desarrollo de la personalidad. Por otra parte, cuando el niño posee una autorregulación inadecuada asociada a la tolerancia, pueden manifestarse conductas delictivas, faltas en la escuela, al grado de que en casos muy graves de conducta antisocial, el niño no experimenta sentimientos apropiados de culpabilidad por sus malas obras. ( CLARIZIO y McCOY, 1981)

Según la teoría psicoanalítica, “el niño preescolar se enfrenta al mundo, entrando en conflicto entre el Yo y el No Yo, entre lo de él y lo de su competidor”.

Los conflictos en esta etapa se plantean en términos de querer y poder, entre deseos e impulsos, posibilidades y autorrealizaciones. El ambiente se vuelve más exigente con él, y hay un choque en la autonomía y en la sumisión (espontaneidad y frustración).

El infante es amoral y asocial, por lo cual debe socializarse provocando tensión en el Yo y en lo concerniente al contacto de la realidad y se vuelve intencionalmente desobediente en señal de protesta. Con la desobediencia ensaya su propia consistencia y encuentra placer para alcanzar un adecuado grado de individuación. El niño juega a desobedecer y así estimula su evolución.

A través de distintas formas, el niño preescolar expresa una búsqueda de satisfacciones corporales e intelectuales; manifiesta interés y curiosidad por saber, conocer, explicar, explorar tanto el cuerpo como el habla; sus actividades implican pensamientos y afectos; sobresale su necesidad de desplazamientos físicos; presentan rasgos de agresión y violencia y poseen impulsos sexuales.

Las situaciones represivas del ambiente familiar son asimiladas por los pequeños y su desobediencia puede ser provocada por: celos, agresividad (con la intención de lograr un efecto desagradable en las personas representativas de la autoridad) y atraer la atención de los adultos sobre lo que desobedecen.

Otras conductas antisociales con la intención de ocupar un lugar importante en la vida de los adultos, son dirigidas a atraer la atención de quienes a veces los olvidan.

El infante es amoral y asocial, por lo cual debe socializarse provocando tensión en el Yo y en lo concerniente al contacto de la realidad y se vuelve intencionalmente desobediente en señal de protesta. Con la desobediencia ensaya su propia consistencia y encuentra placer para alcanzar un adecuado grado de individuación. El niño juega a desobedecer y así estimula su evolución.

A través de distintas formas, el niño preescolar expresa una búsqueda de satisfacciones corporales e intelectuales; manifiesta interés y curiosidad por saber, conocer, explicar, explorar tanto el cuerpo como el habla; sus actividades implican pensamientos y afectos; sobresale su necesidad de desplazamientos físicos; presentan rasgos de agresión y violencia y poseen impulsos sexuales.

Las situaciones represivas del ambiente familiar son asimiladas por los pequeños y su desobediencia puede ser provocada por: celos, agresividad (con la intención de lograr un efecto desagradable en las personas representativas de la autoridad) y atraer la atención de los adultos sobre lo que desobedecen.

Otras conductas antisociales con la intención de ocupar un lugar importante en la vida de los adultos, son dirigidas a atraer la atención de quienes a veces los olvidan.

De esta manera ambas teorías coinciden en la característica de adaptabilidad, y de cierta normalidad con la que se presentan determinados problemas conductuales en los niños preescolares, quienes se encuentran en proceso de socialización al que responden de manera natural, ya sea en un intento por enfrentar a la autoridad; por llamar la atención; por manipular el medio; o, por sentirse seguros. El niño para aprender a obedecer las normas primero las desobedece y enfrenta; para adquirir seguridad e independencia, ha de partir de cierta dependencia; y para socializarse necesita antes abandonar cierto grado de agresión natural o aprender a canalizarla.

Para comprender mejor la presencia de los problemas comunes del desarrollo, resulta muy interesante analizar las tablas comparativas propuestas por P. Vayer (1977) y Robert I.Watson y Henry C.Lindgren (1991), en las que presentan una relación esquemática de las teorías del desarrollo.

El niño preescolar, según estas dos tablas esquemáticas de las concepciones entre las teorías del desarrollo, se encuentra cursando la etapa fálica o la etapa de latencia descrita por Freud, y los problemas emocionales asociados a estas etapas son el temor a los animales, a criaturas imaginarias, a lesiones, fobias, pesadillas, problemas de leguaje, falta de control de la orina, temor al fracaso escolar, al ridículo, a la pérdida de posesiones, a la desfiguración, a la enfermedad, a la muerte, problemas escolares y al fracaso de ser aceptado por el grupo de coetáneos. Los niños de cuatro años se encuentran en el proceso de identificación del Yo y las primeras relaciones objetales, mientras que entre los de cinco y seis años se acentúa el proceso de construcción del Yo que ejerce sus funciones de defensa y adaptación a la realidad, lo que explica la presencia de los llamados problemas de ajuste a esta edad, desde la propuesta Freudiana, en tanto que desde la perspectiva Eriksoniana podemos ubicar al niño preescolar en las etapas de iniciativa frente a culpa y en la de creatividad frente a inferioridad. Esto significa que “la capacidad de participar en muchas actividades físicas y utilizar el lenguaje crea el ambiente para la iniciativa que agrega a la autonomía la cualidad de emprender, planear y atacar una tarea solo por estar activo y en movimiento” . El peligro que Erikson advierte en esta etapa es un “sentimiento de culpa por los objetivos planeados y los actos iniciados en el gozo exuberante del nuevo poder locomotor y mental” . La etapa de creatividad contra inferioridad se identifica por la expresión conductual dominada por la curiosidad intelectual. “El niño debe olvidar las esperanzas y deseos pasados, mientras su imaginación exuberante se doma y se conduce según las leyes de las cosas impersonales” . “El peligro del niño consiste en sentirse inadecuado e inferior”.

El peligro señalado por Erikson, en el que el niño puede sentirse inadecuado e inferior en esta etapa de su desarrollo, bien puede conducir a la manifestación de conflictos emocionales como la ansiedad e inseguridad, o de conductas dependientes o agresivas. También pueden ser resultado de este peligro, la baja motivación de realización o la exagerada motivación de realización, en donde el niño no se interesa por la calidad que se exige a sí mismo en sus relaciones, o por lo contrario, se exige demasiado. Estas situaciones pueden ser influenciadas positiva o negativamente por los adultos.

Por lo que concierne a la aportación del enfoque analítico psicogenético de J. Piaget, llama la atención que éste ubica al niño preescolar en las etapas intuitiva preoperacional (3-5 años), y en la primera fase de las operaciones concretas (6-11 años), lo que nos indica que en cuanto al desarrollo mental, el párvulo “reaccionará al principio con respecto al pensamiento incipiente con un egocentrismo inconsciente y que progresivamente conseguirá adaptarse según las leyes de equilibrio análogas, si bien traspuestas en función de la nuevas realidades” .

Piaget, afirma que “las transformaciones de la acción surgidas de los inicios de la socialización no interesan sólo a la inteligencia y al pensamiento, sino que repercuten con la misma profundidad en la vida afectiva” . Estas repercusiones se vinculan también con los aspectos del desarrollo emocional y valoral del individuo.

En la tabla 2, podemos ver que se incluyen los estadios y etapas propuestos por H. Wallon y A. Gesell. Con respecto a los estadios de Wallon, podemos decir que el párvulo se encuentra en el período

proyectivo (4 años), o en el período del personalismo (5-6 años). En el primer caso, los dos elementos del desarrollo más importantes son la marcha y el lenguaje, y en el segundo destacan los tres períodos en la evolución del Yo: la toma de consciencia de su propia persona; la afirmación seductora de la personalidad; y, el período de imitación.

En las etapas descritas por Gesell, es posible ubicar al preescolar en la fase de la cooperación y disciplinas sociales (4-6 años).

Estas dos aportaciones a los estudios sobre el desarrollo de la psicomotricidad en el Jardín de Niños, muestran la importancia de esta etapa del desarrollo infantil, y proporcionan elementos para comprender la manifestación de los problemas de ajuste abordados en este trabajo.

varios autores , enfatizan que el conocimiento y la representación de su propio cuerpo juega un papel excepcional en las relaciones entre el Yo y el mundo exterior: espacio gestual, espacio materializado por los objetos y espacios de los otros sujetos, sobresaliendo H. Wallon en su argumento de que “un elemento básico indispensable en el niño para la construcción de su personalidad, es la representación más o menos global, más o menos específica y diferenciada que él tiene de su propio cuerpo en relación con los datos del mundo exterior. Este proceso de formación del esquema corporal, señalan, se desarrolla muy lentamente en el niño, no terminando normalmente hasta los 11-12 años.

Es necesario resaltar , la importancia de los fenómenos afectivos y del factor humano en la formación del esquema corporal,ya que de los 3 a los 7 años, las experiencias emocionales del cuerpo y el espacio conducen a la adquisición de diferentes praxis que permiten al niño “sentir su cuerpo como objeto total en el mecanismo de la relación”.

Esta etapa “es un período transitorio y de preparación en la vida del niño, durante la cual deberá desprenderse progresivamente de su subjetividad”.

La participación de la madre resulta ser muy interesante al ser quien va a desempeñar el rol de un objeto facilitador y que da seguridad.

Ya en el terreno de la psicomotricidad, podemos decir que la presencia de los problemas de ajuste, responde al proceso de formación del esquema corporal y que en la edad del Jardín de Niños, la relación con los demás es muy importante, y le permitirá al niño disponer de una imagen del cuerpo con una adecuada autoestima, seguridad, autonomía, motivación de realización y con un equilibrio emocional.

Conceptualizando así a los problemas conductuales en preescolar, los docentes necesitamos encontrar y diseñar una planeación pedagógica con la que los pequeños puedan ser apoyados tanto en el aula como en su entorno familiar, ya que no podemos olvidar que “el primer contacto de los infantes se da con los padres, ellos son los que a través del afecto o rechazo desarrollan una serie de conductas y medios de relación en la formación del niño. Si los padres tienen la capacidad y sensibilidad para dialogar con sus hijos y de compartir experiencias, el niño se encontrará más habilitado para expresarse y representar sus conflictos y placeres” .

Los problemas de ajuste forman parte del desarrollo normal sin embargo no existe garantía de que todos los niños logren resolverlos satisfactoriamente, haciéndose necesaria nuestra intervención docente.

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